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Lo mejor de perder buses en la vida es que a veces tienes suerte y te toca compartir asiento con los ojos más bonitos de toda Guatemala, con los párpados cansado y las ganas de dormir más bonitas que he visto nunca en hora punta, y con los labios rojos que más ganas me han entrado de morder en la vida. Y me empiezan a temblar las rodillas, y no es de nervios, si no de ganas de acercarme un poco más y decirle que su sonrisa es un súper poder, que si quiere ser mi heroína y salvar todas estas heridas antes de que se desangren. Pero justo cuando iba a dar el paso de acercarme y preguntarle qué hora tenía (y morderme el labio mientras mirabas el reloj y no me veías), se ha levantado a recibir a una amiga que bajaba del bus al que iba a subir yo, y se marchan de aquí, y me quedo allí asomado en la puerta del bus viendo como camina y sumando mentalmente la cantidad de cuellos que habrá partido, y que le quedan por partir, por la Gran Vía con su forma de mover el culo. Tomo asiento al lado d...