Me gusta.

Me gusta quedarme hasta tarde, tirado sobre mi cama, con los audífonos puestos escuchando rock a volumen medio, para que se sincronice con tu risa con tu voz y así tener la mejor de las melodías en mi cabeza acompañada de una taza de café espeso con dos de azúcar para no espantar el sueño y seguir pensándote sin descanso alguno.
Me gusta imaginar que estas acá, a la par mía con tú rostro blanco y mejillas rojizas regalándome una gran sonrisa. Llevas puesta una camisa a manga corta, mis brazos pasan por tu cuello, por tu cintura, por tus brazos descubiertos y mis manos se entrelazan con las tuyas.
Si existe un hogar lleno de paz además del hogar que sientes cuando escuchas buena música definitivamente es acá, a tu lado.
Te imaginó con un mechón de pelo cubriendo parte de tus ojos, indefensa, tímida, recostada en la almohada en la que tantas noches has aparecido en altas horas de la madrugada, y que buena compañía me haces hasta el amanecer.
Quitó el mechón de tu rostro con mi mano izquierda, mientras la derecha sigue entrelazada y viviendo con la tuya. Te beso, me besas ó nos besamos, que se yo, sólo se que te amo con todo mi ser, aunque no es muy valioso, te lo entrego a tí.
Muerdo tus labios ó me los muerdes tu a mi, que se yo, sólo se que tengo tus ojos a centímetros de los míos y santo dios, todo lo que me haces sentir con esa mirada.
Siento tantas cosas por ti, todas buenas sin ninguna mala intención.
Mi mente y mi alma se han vuelto tu hogar, nuestro hogar, sólo pido que no te mudes a otró lugar, pues soy muy feliz contigo a mi lado y no quisiera que te marchases de aquí cuando llevamos tan poco, sabiendo que te quiero para toda la vida.

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